lunes, 7 de marzo de 2016

Vladimir Hernández. Sueños de interfaz.


Tal vez nunca sabré cuándo mi compasión se transformó en amor, o cuándo mi orgullo se convirtió en sacrificio; pero, por encima de todas mis dudas, una cosa sí tengo clara: necesitamos el desafío de otras almas para salvarnos de nosotros mismos.

lunes, 15 de febrero de 2016

Nic Pizzolatto. Galveston.


Me he dado cuenta de que toda la gente débil comparte una obsesión básica: una fijación por la idea de la complacencia. Vayas donde vayas, los hombres y las mujeres son como cuervos atraídos por objetos resplandecientes. Para algunos, los objetos resplandecientes codiciados son otras personas, y antes de caer en esto, más te valdría hacerte adicto a las drogas.
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Me dí cuenta de lo sólo que estaba ese chaval, y me hizo pensar en mi propio pasado. Él todavía no había aprendido a sobrellevarlo. Pretendía renunciar a cosas que en realidad ni siquiera poseía.

viernes, 15 de enero de 2016

Silencio de Blanca. José Carlos Somoza.


Me sumergí en el primer Nocturno, opus 15, hasta regresar a mi infancia, pero en silencio. No puedo decir nada de mi infancia -¿y quién puede?-: la felicidad no estaba inventada; las lágrimas eran gotas vacías; había dolor, y juego, y soledad.
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Todos caemos, pero mi abismo es particularmente solitario. Apenas conozco seres; conozco hermosas postales, Me he dedicado demasiado a cultivar esos momentos que otros guardan en el recuerdo; me empalago de situaciones inolvidables. A mi alrededor han tomado forma, excesiva forma, esas ideas que los poetas dejan de lado cuando finaliza la inspiración para dedicarse al vivir diario. Pero llega un momento en el que la poesía es inútil y la música no puede llenar todas las necesidades: entonces es preciso hallar sentimientos para aliviar la soledad.
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Cuánto la quise en aquel instante y qué felicidad descubrir con violencia que la soledad, después de compartir un momento así, ya siempre será imaginaria (descubrirlo y olvidarlo, como un relámpago).
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Mis nervios parecían sinceros: iba a verla, por fin, tras una espera infinita. Un encuentro es la única forma de unión: todo lo demás, aún la convivencia, nos separa.

viernes, 27 de noviembre de 2015

John le Carré. El espía que surgió del frío.


Había una muchacha de pie en la playa echando pan a las gaviotas. Le daba la espalda. El viento marino jugaba con su largo pelo negro y tiraba de su abrigo, convirtiendo su cuerpo en un arco tenso hacia el mar. Supo entonces qué era lo que le había dado Liz: lo que tendría que volver a encontrar si regresaba alguna vez a Inglaterra: era el ocuparse de las cosas pequeñas, la fe en la vida corriente, la sencillez que le hace a uno partir un pedazo de pan en una bolsa de papel, bajar a la playa y echárselo a las gaviotas. Era ese respeto por lo sencillo que nunca le habían permitido tener: fuera pan para las gaviotas o fuera amor, fuera lo que fuera volvería para encontrarlo; haría que Liz se lo encontrara.

jueves, 8 de octubre de 2015

Luis Landero. El balcón en invierno.


A veces creía estar a punto de tener una intuición maravillosa, o de sentir la inminencia de una tarea capaz de apasionarme, pero bastaba un rumor en el piso de arriba, el grito lejano de un niño, el vago insinuarse de otro pensamiento, para que se me borrara de la memoria lo que tanto prometía, y la distracción se consumase en olvido. A todos los ocurre, y esas súbitas trascendencias vencidas por una minucia definen bien nuestra cómica condición humana.

lunes, 5 de octubre de 2015

Jo Nesbø. El muñeco de nieve.


Pensó en cuanto había adelgazado Harry. parecía haber encogido igual que su recuerdo de él. Casi le daba miedo lo rápido que podía palidecer y desaparecer el recuerdo de una persona a la que había estado tan íntimamente ligada. O quizá fuera por eso. Era tal el vínculo que después, cuando dejaba de existir, parecía irreal, como un sueño que se olvida rápidamente.

jueves, 20 de agosto de 2015

Enrique Lázaro. La ciudad cuyo nombre era Lluevemuertos.

Pero nada de todo eso afecta a la historia, puesto que casi nadie utiliza ya ese camino. Ni ningún otro, toda vez que casi nada usaba ya los caminos. Resultaba mucho más cómodo desplazarse campo a través, o bien no desplazarse. Y tanto para una cosa como para otra existían ingenios y artilugios más que suficientes. Desde los zancos de agrimensor... hasta el mismo Desnaturalizador que permitía a cualquiera quedarse en casa sin riesgo de concebir idea alguna o ver jamás a nadie, todas las necesidades y contranecesidades más perentorias- o sea todas- estaban satisfechas desde los tiempos de Timustimur el Maquinócrata. Por lo demás, ningún sentido tenía seguir caminos que habían demostrado sobradamente no ir a ninguna parte, trazados seguramente con la vana pretensión de que dichos lugares inexistentes existieran. Atónitus, que no tenía nada que oponer a estas consideraciones, como tampoco a cualquier otra consideración, tomó la espiral principal y se fue a Lluevemuertos.