miércoles, 16 de noviembre de 2016
Eduardo Mendoza. El asombroso viaje de Pomponio Flato.
Rió el tribuno y dijo:
- Por Júpiter, Pomponio, a tu edad, ¿todavía crees que hay algo nuevo bajo el sol?
A lo que respondí:
- Sí. Yo.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Walden. Henry David Thoreau.
Abandoné los bosques por una razón tan buena como la que me trajo a ellos. Me pareció que quizá tenía otras vidas que vivir y que no podía dedicar más tiempo a esta. Es llamativa la facilidad e insensibilidad con la que tomamos un determinado camino y lo convertimos en un sendero trillado. No llevaba en Walden ni una semana y mis pisadas ya habían establecido una senda desde mi puerta hasta la orilla de la laguna, y 5 o 6 años después aún es visible. Aunque sospecho que otros hayan podido seguirla y contribuido así a mantenerla despejada. La superficie de la Tierra es frágil e impresionable a las pisadas de los hombres, y lo mismo sucede con los senderos de la mente. ¡Qué deteriorados y polvorientos deben estar los caminos del mundo y qué profundos los surcos de la tradición y el conformismo!
jueves, 22 de septiembre de 2016
Juan García Hortelano. El gran momento de Mary Tribune.
Al fondo, gemidos.
Arrastrando la pierna, me proporcioné una botella de ginebra, me tendí en la terraza y me dediqué a ensoñar la añorada soledad, que, en unas horas, recobraría. Mis costumbres pequeñas y obscuras. Mis indecisiones, libres, aunque me llevasen al aburrimiento. El silencio y la penumbra de las largas tardes. La irrealidad y Tub. Estaba comprobado, una vez más, que sólo se puede convivir con quien se ama verdaderamente, con quien se conoce, se respeta y se protege. Con uno mismo.
...
Pretendía
confesarle, sentado en los escalones de la puerta balcón, que toda
elección contraría nuestra tendencia a la promiscuidad, que, al
discriminar, se aparta mucho más de lo que se acoge y, sobre todo, se
acrecienta esta otra humanísima tendencia a la soledad eterna. Quien
ama a una sola mujer -y bien sabía yo que no existe mayor narcisismo-
comienza a cogerle el gusto a la muerte.
...
-Dime que haremos posible otra nueva vez estar juntos y ser
felices.
La felicidad, como siempre había sabido y en tantas ocasiones
olvidado, era una de esas entelequias que no provienen del prójimo. Condescendí a explicárselo.
-Yo no quiero ser feliz, Mary. Yo lo que necesito
es calmarme.
lunes, 7 de marzo de 2016
Vladimir Hernández. Sueños de interfaz.
lunes, 15 de febrero de 2016
Nic Pizzolatto. Galveston.
...
Me dí cuenta de lo sólo que estaba ese chaval, y me hizo pensar en mi propio pasado. Él todavía no había aprendido a sobrellevarlo. Pretendía renunciar a cosas que en realidad ni siquiera poseía.
viernes, 15 de enero de 2016
Silencio de Blanca. José Carlos Somoza.
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Todos caemos, pero mi abismo es particularmente solitario. Apenas conozco seres; conozco hermosas postales, Me he dedicado demasiado a cultivar esos momentos que otros guardan en el recuerdo; me empalago de situaciones inolvidables. A mi alrededor han tomado forma, excesiva forma, esas ideas que los poetas dejan de lado cuando finaliza la inspiración para dedicarse al vivir diario. Pero llega un momento en el que la poesía es inútil y la música no puede llenar todas las necesidades: entonces es preciso hallar sentimientos para aliviar la soledad.
...
Cuánto la quise en aquel instante y qué felicidad descubrir con violencia que la soledad, después de compartir un momento así, ya siempre será imaginaria (descubrirlo y olvidarlo, como un relámpago).
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Mis nervios parecían sinceros: iba a verla, por fin, tras una espera infinita. Un encuentro es la única forma de unión: todo lo demás, aún la convivencia, nos separa.
viernes, 27 de noviembre de 2015
John le Carré. El espía que surgió del frío.
Había una muchacha de pie en la playa echando pan a las gaviotas. Le daba la espalda. El viento marino jugaba con su largo pelo negro y tiraba de su abrigo, convirtiendo su cuerpo en un arco tenso hacia el mar. Supo entonces qué era lo que le había dado Liz: lo que tendría que volver a encontrar si regresaba alguna vez a Inglaterra: era el ocuparse de las cosas pequeñas, la fe en la vida corriente, la sencillez que le hace a uno partir un pedazo de pan en una bolsa de papel, bajar a la playa y echárselo a las gaviotas. Era ese respeto por lo sencillo que nunca le habían permitido tener: fuera pan para las gaviotas o fuera amor, fuera lo que fuera volvería para encontrarlo; haría que Liz se lo encontrara.
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